Rie(s)go y novedades

Mariana Licandro / Foto: FFOSE. Cabildo abierto en Fray Bentos.
La iniciativa de FFOSE de impulsar un referéndum para derogar las modificaciones a la Ley de Riego, plantea a mí entender algunos elementos novedosos en el escenario político uruguayo, fundamentalmente desde la perspectivas de las organizaciones populares.

La propuesta de FFOSE podría leerse como un remake de los típicos plebiscitos del ciclo de lucha de los 90' cuando los sindicatos, fundamentalmente, impulsaron diversas consultas populares para frenar el avance neoliberal privatizador. Sin embargo, más que un déjá vu, creo que esta propuesta nos plantea algunos cambios importantes y desafíos para pensar los nuevos ejes de lucha y el papel de los sindicatos en ese marco.

En primer lugar, se trata del primer plebiscito que surge a propuesta de un sindicato en contra de una ley promovida y votada por unanimidad por el Frente Amplio. Recordemos que en 2013 hubo una recolección de firmas contra la Ley de Minería de Gran Porte, pero fue promovida por organizaciones sociales territoriales y ambientalistas, sin apoyo de las organizaciones “clásicas” del campo popular.

Esta novedad podría ser un síntoma de que el bloque progresista (sindicalismo y fuerza política) empieza a mostrar fisuras importantes, de la misma manera que lo fue el conflicto educativo del 2015 ante el decreto de esencialidad. Sin embargo, aquí parece no haber una cúpula sindical que logre cerrar el conflicto por arriba. El referéndum ya está sobre la mesa, y por más ámbito de negociación que pretenda impulsar el presidente del PIT CNT, el sindicato de OSE sigue firme con su iniciativa. 

Los últimos plebiscitos impulsados desde el movimiento popular se han llevado acabo muy al pesar del Frente Amplio, 2009 anulación de la Ley de Caducidad y en 2004 justamente, el plebiscito del Agua, sin embargo en esta oportunidad el referéndum será expresamente en contra de una decisión unánime del Frente Amplio, elaborada y promovida por uno de los pocos Ministros, que se mantiene desde el período de José Mujica (no hay chance de quitarse el sayo), Tabaré Aguerre. Esto plantea desafíos importantes en varios planos, en primer lugar se deberá movilizar y organizar una campaña nacional en oposición a la fuerza política que tradicionalmente acompaño este tipo de  iniciativas. En segundo lugar se deberá combatir la confusión ideológica y simbólica que representa el hecho de que en una disputa entre lo público y privado el Frente Amplio se ubique en el segundo lugar, cuando ese eje de disputa había sido un diferencial sustancial con los gobiernos neoliberales del ciclo anterior. Por último y a modo de incertidumbre, se abre un desafío en torno a los apoyos  que pueda tener el referéndum. A nivel del campo popular será clave el papel que decida tomar el PIT CNT, teniendo en cuenta las posiciones en estos últimos años me cuesta avizorar un apoyo entusiasta, real y material por parte de las corrientes hegemónicas del sindicalismo (comunistas y articulación). Sin embargo se abre un escenario más esperanzador que tiene que ver con la posibilidad de articular de forma flexible y diversa las diferentes expresiones organizativas, territoriales, barriales, culturales, etc. que han surgido en el último tiempo.

A nivel político existe el riesgo de quedar embretados con el oportunismo perfilista, que va a aprovechar este escenario para señalar la traición del FA y ubicarse como la única alternativa posible; y por otro lado el riesgo de colaborar a la confusión con quienes se siguen auto-percibiendo de izquierda a pesar de haber votado esta nefasta ley (entre otras) y utilicen el referéndum para redimirse, retroalimentando esa autopercepción.
  
No es menor que la decisión del referéndum provenga de un sindicato que no es fácilmente identificable con algún sector político y menos aún con el partido comunista, y para nada menor es que dicha decisión haya surgido de las bases mismas del sindicato de OSE. Por lo tanto podríamos mencionar otra novedad: una base movilizada, crítica, dispuesta a juntar más de 700 mil firmas en un año, sin una cúpula sindical que hasta el momento la pueda frenar, contener y disciplinar. Claramente las pequeñas pero esperanzadoras fisuras del bloque progresista son por abajo.

Sin embargo la mayor novedad es, a mi entender, la lucha misma que plantea el referéndum, es decir la defensa de un bien común como es el agua, y que dicho conflicto es protagonizado por un sindicato. Las modificaciones de la Ley de Riego no ponen en riesgo al Ente público, no se cuestiona el suministro estatal de agua “potable” (sí la calidad de la misma) o de saneamiento, no está en riesgo la fuente de trabajo de los funcionarios de OSE. Lo que está en juego es la propiedad del agua, la posible explotación mercantil de dicho bien por grandes corporaciones y los impactos socioambientales en nuestro territorio.

En este sentido, la podríamos caracterizar como una típica lucha del ciclo extractivista progresista. Según Harvey la etapa actual del “nuevo imperialismo” se caracteriza por la articulación de la reproducción ampliada del capital y la acumulación por desposesión, el balance entre ellas se ha volcado a favor de la segunda.


La reproducción ampliada hace referencia a la extracción de plusvalía; en relación a este eje el sujeto histórico de lucha ha sido y sigue siendo el sindicalismo. La acumulación por desposesión se refiere a la  valorización capitalista de nuevas áreas y territorios, la mercantilización y privatización de la tierra, la expulsión de poblaciones campesinas, la trasformación de formas de propiedad colectiva en propiedad exclusiva, la supresión del derecho a bienes comunes, entre otras (Harvey, 2004). Es una perpetuación de la acumulación originaria de Marx, pero ahora sobre otros bienes comunes sobre los cuáles no se había expandido completamente el proceso de privatización (en este caso, el agua).

Los conflictos entorno a este eje no son novedad en nuestro continente y tampoco en Uruguay. La lucha y la defensa de los bienes comunes es una constante en la trayectoria histórica de los pueblos de América Latina, sin embargo en las últimas décadas el avance extractivista ha tomado nuevas formas y un nuevo impulso, al igual que los conflictos sociales para detenerlo.

Una de las características de dichos conflictos es que los sujetos en lucha no son homogéneos, son organizaciones territoriales, comunidades rurales y urbanas, organizaciones de mujeres, pueblos originarios, etc.; el gran ausente y, en algunos casos, enfrentados a estos conflictos es el sindicalismo.


El sindicalismo, hijo de la modernidad mantiene el horizonte histórico de progreso/desarrollo, concibiendo a la historia como un sucesivo progreso hasta la victoria final, mediante el tránsito y superación de etapas hacia un futuro idealista, no histórico (“la clase obrera no fallará”, consigna que ejemplifica ese idealismo). Esta visión del sentido histórico lineal y progresivo, contiene en sí misma, de manera ontológica, la separación entre “razón” y “naturaleza”.  No es casual que “el estado de naturaleza” sea lo salvaje, lo primitivo, y si... también lo femenino. Por lo tanto, la explotación, apropiación y transformación de la naturaleza en un “recurso” es una consecuencia  justificable del progreso/desarrollo económico. Como lo expresa Ana Esther Caceña, “la idea de progreso rompe la circularidad compensatoria de las relaciones sociedad-naturaleza para instaurar una dinámica de crecimiento ilimitado apropiativo (...)” (2016, p.20)

No es para nada difícil encontrar argumentos que ejemplifiquen esta visión dentro del sindicalismo uruguayo, basta con analizar las posiciones del SUNCA, UNTMRA, y la mayoría del PIT CNT sobre las Plantas de Celulosas, el proyecto de minería de Aratirí, los puertos de aguas profundas, etc. No solo han apoyado estos megaproyectos depredatorios de la naturaleza, sino que han actuado como uno de los principales legitimadores, marginando y estigmatizando las voces críticas que no logran ver los beneficios del “progreso”. Mientras siguen encandilados por el espejismo del progreso/desarrollo el capital trasnacional avanza sobre nuestro territorio.

En este marco, la propuesta de FFOSE inaugura un nuevo escenario: un sindicato desplegando una lucha en torno al eje de acumulación por desposesión, ya no con el horizonte estatista de “defensa de las empresas públicas”, típico del ciclo de lucha de los 90´, sino con un horizonte en “defensa de los común” una lucha típica de esta etapa extractivista progresista. Este conflicto genera un puente entre lo “viejo” y lo “nuevo”, entre las organizaciones clásicas como los sindicatos y las organizaciones territoriales, barriales, ambientalistas, etc. Confluir en la diversidad para potenciar y no aplastar es el gran desafío.

Ana Esther Caceña (2016) La Ecología y la Geografía del Capitalismo. En Immanuel Wallerstein (coord) El Mundo está desencajado, interpretaciones histórico-mundiales de las continuas polarizaciones, 1500-2000. México, Siglo XXI Editores.

David Harvey (2004) El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión. En Socialist Register, CLACSO, Buenos Aires.