Miradas críticas al desarrollo. Debates a partir de la ley de riego.

Gabriela Falco y Gabriel Soto
El pasado mes de mayo desde la Escuela de Formación Popular Elena Quinteros nos propusimos abrir una espacio de formación y reflexión partiendo del debate abierto con la ley de riego.

Como muchxs sabrán la ley de riego aprobada en octubre del pasado año, habilita a inversores privados a embalsar  y vender agua para el riego de cultivos, lo que implica no sólo su privatización y su venta,  sino que es el puntapié para la profundización de un modelo basado en el agronegocio, el cual es ontológicamente excluyente y contaminante.

Esta forma de riego privado se estima que estará fundamentalmente  al servicio de las grandes extensiones de  producción de arroz, maíz y soja transgénica, ya que con su utilización los niveles de productividad aumentan ampliamente y con ello las ganancias de los grandes productores.

Este breve resumen de lo que significa dicha ley, esconde no sólo las consecuencias económicas de este proyecto que favorece la concentración de tierras y la monoproducción, sino que también las consecuencias ambientales que tendría para la tierra y las cuencas de agua un aumento del uso de fertilizantes y pesticidas que dicho tipo de plantación requiere.

Desde el colectivo nos propusimos generar un espacio donde desde la diversidad de militantes nos dieramos el espacio para reflexionar en cuanto a las implicaciones  de la existencia de esta ley,  al mismo tiempo que develar qué concepciones del desarrollo y la vida lleva aparejadas.

La(s) vía(s) al desarrollo.

La modernidad-colonial capitalista ha configurado un sistema de organización del trabajo y de explotación de los recursos, que ha determinado que el único sistema de organización social válido es aquel donde las luces de la modernidad europea han llegado y han establecido su hegemonía, económica, política y cultural.  Por tanto la zanahoria hacia la cual todas las sociedades del mundo deben caminar, se compone de elementos como productividad, desarrollo industrial, explotación de los recursos naturales. El desarrollo así parecería determinarse  a partir de la cantidad de dinero que acumulan los capitalistas nacionales y transnacionales, la mayor liberalización del mercado y la menor regulación posible por parte del Estado. Pero, ¿Qué sujetos individuales y colectivos construyen estos paradigmas? ¿Es posible pensar otra acepción a la palabra desarrollo? ¿Cómo podemos pesar la vida más allá de los postulados que la hegemonía capitalista nos impone?

Mirar los movimientos latinoamericanos y sus experiencias antagónicas, nos dieron una pista para pasar que otras prácticas de vida y de relación con la naturaleza son posibles de construir. Volver a las lecturas nuestroamericanas, fueron algunas de las claves aportadas a lo largo del seminario. Volver a los Sin Tierra de Brasil, a las experiencia zapatista, y a las propias experiencias de producción agroecológica en nuestro país. Volver a las miradas decoloniales, a Aníbal Quijano, para intentar comprender cómo los proyectos que buscan la privatización de lo común se apoyan esencialmente en un modelo colonial que es necesario visualizar para superar.

La ley de riego desde la mirada decolonial.
 


‘‘Hace falta estudiar y establecer las implicaciones de la colonialidad del poder en el mundo capitalista’’
Anibal Quijano1.
 

¿Cómo sentimos? ¿Cómo percibimos? ¿Cómo nos vinculamos?

Machado Araoz2 (2013) explica que el colonialismo instaló una ecología política de las emociones, un orden que al despojar el territorio y los pueblos originarios de América, instaló formas específicas de sentir y percibir el mundo que tienen que ver con la propia perpetuación del orden colonial y la continuidad del saqueo.

Antes de profundizar en este elemento debemos detenernos en algunos puntos.

El autor -tomando las palabras de Alimonda (2011)- explica, que la instalación del orden colonial nos da a entender que para las clases dominantes América es un espacio subalterno. La marca del origen de este continente es ‘’la persistente colonialidad’’ que la afecta en toda su naturaleza: biodiversidad de sus ecosistemas (fauna, flora, habitantes humanos,etc) y la configuración territorial (dinámica socio-cultural que articula significativamente los ecosistemas y el paisaje). Estos elementos aparecen ante los ojos de las clases dominantes -según nos explica el autor- como un espacio que puede ser explotado, arrasado y reconfigurado según las necesidades del régimen de acumulación vigente.

Machado (2013) continúa explicando que esta concepción colonial de la naturaleza está incrustada en la idea igualmente colonial de ‘’desarrollo’’ en la cual los gobiernos progresistas, en pleno siglo XXI acaban por sustentar modelos extractivistas.  De esta forma el colonialismo se reviste de progresismo, colocándose los ropajes de la ‘’democratización’’ e ‘’inclusión social’’. La vorágine extractivista ha permitido a la región crecer a tasas exponenciales, reflotando algunas ideas keynesianas, de Estado benefactor que intenta algunas políticas de redistribución de la riqueza, alienta el consumo popular, la obra pública y recuperación de empleo. La oficialidad del poder vocifera que ‘’lo realmente importante es crecer’’ , ‘’sostener el crecimiento’’ es algo innegociable en este marco.

En los estallidos y conflictos que sufre el modelo desarrollista de los progresismos podemos entender cómo se desenvuelven los dilemas que afronta el neocolonialismo en la actualidad.

Para intentar comprender las complejas tramas que mantienen en pie el sistema colonial, volvemos sobre nuestros pasos, a los elementos planteados por Machado (2013), quien nos propone que para entender el neocolonialismo es necesario reconocer su ecología política de las emociones y de los cuerpos.

Para comenzar el autor explica que los orígenes del colonialismo remiten a la invención práctica de formas inéditas y descomunales de violencia. Ejerciendo a su vez formas brutales de explotación de la naturaleza exterior (territorio) y la naturaleza interior (cuerpos de trabajo). Este ciclo de violencia ha sido sistemático y se ha perfeccionado a medida que occidente se globaliza como la potencia indiscutida del mundo. Machado (2013) explica que los impactos macro estructurales de la colonización en América son conocidos, sin embargo los efectos micro-políticos como la estructuración de cuerpos y emociones, no tanto.

Por este último elemento no hacemos referencia sólo a los factores psicológicos de la conquista sino a los elementos eco-biopolíticos de los distintos estados corporales y societales que la violencia colonial produce. Esta violencia tiene un impacto de larga duración en los territorios y los cuerpos, considerados por Machado (2013) como agencialidades con capacidades afectivas, emotivas y sensitivas. De esas violencias surgen elementos que configuran un habitus, un modo de estar en el mundo, esencialmente colonial.

Como explica y nos desafía Johanna Hevda en su teoría de la mujer enferma:

“¿Qué pasaría si la depresión, al menos en las américas, pudiera remontarse a las historias de colonialismo, genocidio, esclavitud, exclusión legal, segregación y aislamiento cotidianos que están presentes en todas nuestras vidas, en lugar de ser desequilibrios bioquímicos?”
 Me gustaría cambiar la palabra “depresión” por cualquier enfermedad crónica.3


Desde esta perspectiva, afirma Machado (2013) nos es posible vislumbrar hasta qué punto el mundo moderno está conformado por cuerpos educados en la violencia en la cual se encubre el colonialismo que la perpetra. Estos elementos forjaron un corte cognitivo-afectivo sobre el cual se apoya la racionalidad colonial capitalista, la separación mente y cuerpo, razón y emoción. Se establece de esta forma el circuito de sometimiento y resignación como estado social del alma, a través del cual,  el colonialismo instaura la razón moderna la cual ‘’tiene que ver con su incapacidad (in-sensibilidad) para buscar ‘’razones’’ en el ámbito de las emociones, los sentimientos y los cuerpos, justamente en el lugar por excelencia donde anidan las  raíces del colonialismo’’ (Machado, 2013, p. 21).

Es de esta forma que el colonialismo se constituye como una forma de sentir y experimentar, vivir, la ‘’realidad’’, generando una fisiología específica de dominación. A través de las cuales, según Machado (2013) se afianzan la violencia originaria extrema de la conquista, la violencia instituyente que refiere a la expropiación de los medios de vida (cuerpo-territorio) y la violencia fetichizada, que refiere a la aceptación de la expropiación mediante la construcción de subjetividades adaptadas a la misma, en este sentido el autor apunta: ‘’La regulación de las sensaciones tiene que ver con una forma secular de violencia dirigida y aplicada a producir la expropiación de lo que sentimos’’ (Machado, 2013,p.25). Este elemento constituye la colonización del deseo, e instala la fetichización de la mercancía. El autor afirma que se produce una inversión de la violencia destructiva de la expropiación en la fuerza creativa del mundo de progreso, promoviendo formas de existencia ajustadas a la reproducción de la dominación colonial.

¿Cómo se inserta la ley de riego en Uruguay en este proceso?

Machado (2013) nos invita a pensar la instauración del extractivismo en el marco del ciclo progresista en América Latina, como la instalación de una fase superior del Neoliberalismo, un ciclo de re-colonización a nivel continental, afianzando el régimen de sujeción colonial.  La privatización en este marco de un bien común vital como el agua supone un avance expropiatorio sobre el mundo de la vida. En el marco del debate sobre esta ley varixs compañerxs resaltan la importancia de conectar el problema de la contaminación de ríos, arroyos y lagunas, con el agua de las canillas; ‘’toda el agua la misma agua’’.

La problemática, pensando desde los aportes de Machado, es que el continuo avance expropiatorio sobre lo común, ha expropiado por su parte la sensibilidad de nuestros cuerpos, la comprensión del íntimo vínculo entre cuerpo y territorio, esto nos ha quitado capacidad de sentir la violencia colonial sobre el territorio como una violencia directa sobre todas las esferas de la vida: ‘’cuerpos expropiados de su propia sensibilidad; incapaces por tanto, de percibir y sentir la dominación”.

Este proceso de expropiación del territorio y las sensibilidades, se afianza en las redes de dominación del colonialismo capitalista y patriarcal, entendiendo en este sentido que la concepción desarrollista de dominación de la naturaleza ‘’virgen’’, explotación extrema de los ‘’recursos naturales’’, progreso económico sobre el equilibrio ecológico, son conceptos esencialmente masculinos. Como explica desde el ecofeminismo Elizabeth Peredo4, son inseparables ‘’la relación de dominio del ser humano con la naturaleza y la relación de dominación, desigual y violenta del patriarcado: del hombre sobre la mujer’’.

Esta coyuntura nos plantea distintos desafíos. Por un lado profundizar el debate en nuestros espacios colectivos y vinculares sobre la expropiación colonialista, el saqueo incesante sobre América Latina y el impacto que estos elementos tienen en la insensibilidad que tenemos con respecto a nuestro territorio y los impactos afectivos, ecológicos y políticos que esto tiene. Por otro lado, favorecer los espacios colectivos, compartir nuestras reflexiones y sentires. Promover la subversión política de nuestra espiritualidad, afectividad y cuerpos, el hacer en colectivo e impugnar lo naturalizado, apostando por construcciones alternativas.

Por último y no menos importante, es clave en la coyuntura de nuestro país, dinamizar la juntada de firmas contra la ley de riego, promoviendo la crítica y la reflexión sobre el consenso desarrollista; activando en nuestros espacios de militancia, vínculos, espacios públicos y más.

Bibliografía

Machado, H. (2012). Orden neocolonial, extractivismo y ecología política de las emociones. Revista brasileira da sociologia da emoção, V. 12, n34, p. 11-43. Abril de 2013.

Hevda, J. ‘’Teoría de la mujer enferma’’
https://madinamerica-hispanohablante.org/teoria-de-la-mujer-enferma-joha...

Peredo, E. ‘’Ecofeminismo; alternativas sistémicas’’
https://systemicalternatives.org/2017/03/23/ecofeminismo/