Las cuentas pendientes de la educación: Lucía Marotta (Magisterio)

Zur / Foto: Rebelarte
Consultamos a militantes sociales vinculados a la educación sobre los problemas principales que identifican en el sistema público. Si contar con mayores recursos presupuestales es condición suficiente y qué otras acciones se deben emprender para superarlos. A continuación las respuestas de Lucía Marotta, estudiante de Magisterio e integrante del centro de estudiantes de Magisterio.

Desde una perspectiva estudiantil es ineludible poner y pensar como problema la formación a la que accedemos quienes pretendemos ejercer profesionalmente en la educación pública. Hay una inconsistencia muy relevante en los planes de estudio existentes, los discursos utilizados para sustentarlos y la realidad a la que nos enfrentamos a la hora de transitar la formación.

Básicamente, nos vemos atrapadxs en un sistema que nos prepara para ser funcionales a una serie de conceptos utilizados y lineados desde políticas públicas que responden a orientaciones de organismos internacionales de crédito financiero que en realidad lo que hacen es ocupar superficialmente vacíos en la formación. Estos a mi entender, necesitan de muchísima revisión histórica, discusión, acuerdos y sobretodo participación de todos los actores que nos vemos directa e indirectamente involucrados en nuestra formación docente para que realmente dejen de existir y de agrietarse cada vez más.

Otro problema identificable es en torno a dónde está puesto el foco en los resultados esperados. Ese foco pasa de largo cuestiones que deberían atenderse antes de esperar "buenas notas" y pocas faltas de estudiantes y docentes. Los salones no se pueden llover, los vidrios no pueden faltar y la comida (precaria en muchos casos) no puede ser la única que ingiere el niño en el día, las clases en Magisterio no pueden estar superpobladas, los docentes no deberían faltar, los cupos para las prácticas deberían estar gestionados previamente para que nadie quede sin acceso a ellas, etc.

El foco debería ser más abarcativo y contemplar todas estas parcialidades en las medidas necesarias para que tanto docentes como estudiantes puedan encontrar sentidos en los quehaceres cotidianos en los centros educativos y estos no pasen a ser lugares en los que cada vez es más difícil encontrar identidad. Sobretodo en los colectivos que funcionan en los centros, porque las exigencias relacionadas con los resultados exitosos esperados sobrepasan y agotan las fuerzas que podrían encontrarse en ellos, generando aislamiento, cansancio y perdida de energía en los actores que transitan día a día por allí. Para quienes estudiamos en formación docente las jornadas se tornan agotadoras y eternas entre trabajo y estudio con cargas horarias que vienen instauradas desde hace largo tiempo y poco sentido encuentran acordes con la realidad.

Los problemas mencionados no solo se saldarían con mas presupuesto que se traduzca en mejores salarios o más recursos pero sí es una condición que se torna indispensable para poder abordarlos.La inversión a los modelos que buscan resultados exitosos es causa de los mismos. Es una cuestión que acarrea mucha historia en nuestro país y que cada vez aumenta más el saldo material pero también físico y mental de quienes hacemos al sistema educativo, estas últimas, consecuencias desde mi perspectiva erróneamente desvalorizadas que hacen ruido por todos lados: maestros, niños, familias involucradas, docentes de formación docente, estudiantes y así en el gran entramado que abarca el sistema educativo.

El reclamo por más presupuesto trae aparejado e intrínseco un reclamo por más participación política en el ámbito educativo, más espacios habilitadores de discusiones y donde puedan encontrarse todas las autonomías parciales para apostar al logro de generar acuerdos. Que las mismas no se encuentren atentadas con acciones ejercidas por fuera de ellas.

Desde una perspectiva estudiantil en formación docente el reclamo por autonomía y cogobierno data de mucha historia y sin embargo son escasos o nulos los avances hacia ello. Son cíclicas las formas que se repiten una y otra vez, en las que se propone una falsa participación estudiantil a nivel nacional. Formas ineficientes para abarcar todo el país y que no son representativas. Quitándole relevancia a los centros de estudiantxs organizadxs que luchan por sostener toda una historia de lucha y también a los centros mismos ya que los institutos y las modalidades operantes generan aislamiento y desapego en lxs estudiantxs que por allí transitamos. Entre grandes jornadas laborales, sumado a una carga horaria excesiva que proponen los planes de estudio y la constante desvalorización hacia lxs estudiantes organizadxs en formación docente, se torna complicado encontrar sentido de pertenencia y valor para sacar la voz y poner el cuerpo en un colectivo que pueda representar a todxs. Sin embargo los centros asumen y ejercen esa dualidad y se lleva con dignidad y muchísimo esfuerzo. La lucha por más presupuesto es una arista más en las luchas llevadas a cabo pero que se torna indispensable sobretodo de cara a la rendición de cuentas y que trae aparejada muchísimas cuestiones para saldar.