La violencia es el mensaje: tajear nuestro cuerpo

Columna de Mariana Menéndez Díaz*
El día transcurrió trastocado, tengo rabia. No he podido llorar. Cortan la vulva, el clítoris, de una joven en un bar en el balneario de Valizas

“Para perpetuarse, toda opresión debe corromper o distorsionar
las fuentes de poder inherentes a la cultura de los oprimidos
de las que puede surgir energía para el cambio.
En el caso de las mujeres, esto se ha traducido en la supresión de lo erótico
como fuente de poder e información en nuestras vidas”

Audre Lorde

La denuncia comienza a circular en las redes feministas, aparecen afiches e imágenes, muchas empiezan a mostrar su indignación, se hace asamblea y marcha en Valizas. Se escriben post, se hacen reuniones. Se dice aquí estamos, juntas para defendernos.  Ya no nos quedamos calladas, ya no soportamos sus palabreríos faltos de verdad. Se dice aquí estamos, estamos para nosotras, nosotras te creemos. Muchos medios de prensa, relativizan su palabra, la ponen en duda, la acusan de estar drogada, sugieren o explicitan que podría estar mintiendo. El dueño del boliche dice que quizás se estaba masturbando, ¿en serio? Eso es lo que se le ocurre decir ante este acto horroroso de violencia.

El foco en la agredida, su palabra siempre puesta en duda. En un lugar donde ya han ocurrido otras situaciones y denuncias. Miremos más allá de nuestras narices, regalémonos dos gramos de empatía. Cambiemos los cuestionamientos y el foco. ¿Qué pasa en las noches, en los espacios de fiestas donde se amontonan las denuncias públicas contra la violencia y el acoso hacia las mujeres? ¿Por qué no podemos habitar la noche, divertirnos sin que nos estén acosando, sin sentir miedo, sin violencia? ¿Qué masculinidades violentas seguimos alimentando como sociedad? “No todos los varones” nos endilgan, y sí claro no todos los varones pero sí muchos de ellos, pero sí la perpetuación de un mandato de masculinidad violento. Eso se le enseña muchas veces a los niños: ser varón es ser fuerte, ser agresivo. Se les enseña a no cuidar de los demás, a no llorar, a no respetar el deseo y el cuerpo de las niñas y las mujeres, a violentar al marica, a trompear a las trans, a burlarse de las prostitutas. Se les trasmite un mensaje “sos dueño y señor, y lo peor que te puede pasar es ser mujer o puto”. Así uno de de los peores venenos es inyectado, el del desprecio. Se les enseña la violencia cuando esta ocurre ante sus ojos o cuando se los violenta. Luego vemos reproducirse esa subjetividad árida, desconectada de sus emociones y agresiva contra lxs demás. Cuando se pone en duda la palabra de la  mujer agredida, cuando se es cómplice de un varón que abusa y violenta alimentamos un mal que recorre nuestra sociedad y le regalamos el veneno a las nuevas generaciones.

Todo esto, y mucho más, es parte de una cadena de violencias repetidas sobre nuestros cuerpos, no es un caso aislado. Es una violencia generalizada contra nosotras muchas veces adentro de nuestras familias y nuestras casas, otras veces en los espacios públicos. Entonces ¿dónde estamos seguras? Es pedagogía de la crueldad1, es enseñarnos a tener miedo y a aceptar niveles cada vez mas terribles de violencia, es enseñar a otros a ser crueles, a violentar o naturalizar la violencia hacia otrxs cuerpos, de niñxs, de mujeres, de personas trans, y un largo etcétera.

Me llegan en cascadas muchas historias que he escuchado, tengo una memoria repleta de historias de violencia. Una amiga me cuenta que en las violaciones sexuales en Colombia fueron asesinadas muchas mujeres negras, las empalaban, y reflexiona: en el marco de la guerra cuanto influyo la creencia de que las mujeres negras gozan del sexo mas que las demás mujeres y eso provoca que se las castigue con la violación y con la muerte más que a las demás. En Chile la violencia sexual es parte de la tortura perpetrada por lo carabineros, de allí vino el grito hecho baile y canto: “y la culpa no era mía...el violador eres tú” La violación ha sido parte de los modos de tortura de las dictaduras y las guerras desatadas en nuestro territorios por parte del estado y otros grupos de poder. La violación y el abuso sexual es  moneda corriente en nuestra sociedad, aunque se quiera tapar el horror con un dedo. En muchísimos casos nos ocurre entre la niñez y la adolescencia. En muchísimos casos alguien de la familia lo niega, no lo cree y protege al abusador.

Sigue mi catarata de recuerdos. Una vez estando en México ocurre un feminicidio, uno de decenas que ocurren allí y en todo nuestro continente. Cuando se va sabiendo como ocurrió, se relata que la muchacha estaba embarazada y cómo no quería hacerse un aborto el tipo la mato. Una forma truculenta y despiadada de cumplir lo que se quiere sin importar nada más. En el encuentro internacional de mujeres que luchan2 donde habían mujeres de más de 40 países escuche decenas de testimonios de abuso y violencia, en la casa, en la familia, en la pareja, en los colegios, en las universidades, en las iglesias, en las ciudades, en las organizaciones, en los territorios donde avanzan las mineras, las carreteras y otros proyectos de despojo. Estos actos se ejercen desde las instituciones del estado, en primera linea ejercito y policía, por maridos, curas, patrones, paramilitares, vecinos, amigos, padres, tíos, primos, jefes, supuestos compañeros y la lista sigue. Aunque hace tiempo que sabemos que muchas de las violencias suceden en los círculos cercanos, me volvió  a impactar que mas de la mitad de lo que se contaba había sucedido a la interna de las familias o los círculos de “amigos”. Otra vez, ¿dónde estamos seguras?

Si la violencia es un mensaje ¿qué significa que corten nuestra vulva, nuestro clítoris? Mutilación y desprecio de nuestra diferencia, querer dañar nuestras posibilidades de gozo. La mate porque era mía dicen, ¿qué pensaran? ¿la ampute porque su sexo era mío? ¿la corte queriendo dañar su experiencia de placer?; en un contexto donde estamos reivindicando abiertamente nuestra capacidad de disfrute, nuestra recuperación del cuerpo, nuestros modos de sexualidad y erotismo como se nos venga en gana. Quizás deberíamos gritar a los cuatro vientos que tenemos clítoris, que queremos orgasmos, que queremos placer sexual, que erotismo y violencia no tienen porque ir de la mano. Que violar no es un acto erótico, de búsqueda de placer, sino de afirmación de poder, de desprecio y de violencia. Que hacer humor con la violación sexual es naturalizar que exista. Que cortar el cuerpo de una mujer no puede tolerarse, que su palabra no puede ser puesta siempre en duda. Que así fragilizamos a la agredida, bloqueamos la posibilidad de que otras se animen a hablar y a exigir justicia, y ampliamos la impunidad de los violentos. Hay un cambio profundo y simbólico que debe suceder, ademas de otros muchos, y es la inviolabilidad del cuerpo de las mujeres3. Es decir un mandato feminista, que ya esta ocurriendo, a la sociedad y al estado que grabe a fuego que a las mujeres no se nos viola, no se nos mutila, que nuestros cuerpos son sagrados. Quizás ese mandato este siendo parte esencial de la revolución feminista del siglo XXI. Ojalá sea un hecho.

Vuelvo a Audre Lorde, porque sus palabras muchas veces me dan fuerza y belleza: “El término erótico procede del vocablo griego eros, la personificación del amor en todos sus aspectos; nacido de Caos, Eros personifica el poder creativo y la armonía. Así pues, para mí lo erótico es una afirmación de la fuerza vital de las mujeres; de esa energía creativa y fortalecida, cuyo conocimiento y uso estamos reclamando ahora en nuestro lenguaje, nuestra historia, nuestra danza, nuestro amor, nuestro trabajo y nuestras vidas”4. Que nuestros cuerpos sean territorios de disfrute y no de conquista y violencia. Que el erotismo, en todas sus formas, sea parte de nuestra experiencia y  nuestras energías sean cada vez más nuestras.
 


*Vive en Montevideo, Uruguay, creció en el barrio Lezica, es feminista, docente, lectora/escribiente e integrante del Colectivo feminista Minervas.

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Notas:

1.Ver Rita Segato https://www.youtube.com/watch?v=17ijWDlok2g
2.https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2019/12/27/palabras-de-las-mujeres-z...
3.Ver aportes de Luisa Muraro
4.Ver Los usos de lo erótico de Audre Lorde