Interdependencia de la vida humana y no-humana

Mina Lorena Navarro / Foto: desinformemonos.org
Sin saber todavía la magnitud que tendrán los efectos desestabilizadores del COVID19 sobre la ya en crisis organización y gestión capitalista de la vida y de las relaciones de interdependencia que la sostienen, lo que es sí hemos visto es que la velocidad de la locomotora del progreso, tomando prestada la metáfora del filósofo alemán Walter Benjamin, está ralentizándose, a contracorriente de los discursos que pregonaban la imposibilidad sistémica de un cambio de rumbo. En las últimas semanas claramente hemos asistido a un proceso de descompensación y desaceleración de los ritmos de la producción y reproducción social organizadas desde la lógica de la ganancia.

En diálogo con las lecturas que se han venido compartiendo en redes, animadas en reconocer los alcances políticos de esta desaceleración, me pregunto sobre las posibilidades que este contexto habilita para echar a andar otros imaginarios y formas políticas que pongan en el centro la reproducción de la vida humana y no humana, y en particular, experimentar la apertura de un tiempo para repensar nuestra interdependencia con las especies compañeras que hacen de la vida humana lo que es y viceversa.1

En estos días nos hemos dado cuenta que, sin saber exactamente lo que se modificará de manera irreversible después de la emergencia, no será posible regresar a eso que conocemos y en buena medida tenemos la corazonada de que eso puede ser muy doloroso, aunque también sano y deseable, porque esa normalidad es insostenible e insustentable en términos síquicos, sociales, ecológicos. Como dice la periodista Naomi Klein, se habla continuamente de la vuelta a la normalidad, pero lo normal es mortal. La “normalidad” es una inmensa crisis.2

Entre la descomunal producción y difusión de información que ha circulado en las últimas semanas sobre las múltiples aristas posibles para analizar el COVID 19, hay una serie de explicaciones en marcha sobre el porqué del contagio. Si exploramos estas explicaciones y no abandonamos este territorio de producción de sentido, podemos entender mejor lo que está sucediendo y lo que posiblemente vendrá, para que en medio de la heteronomía de las disposiciones sanitarias, pongamos en juego nuestra capacidad deescuchar, intervenir, decidir qué y cómo hacer —durante y después de la crisis-—, trayendo al centro nuestras necesidades y deseos, a partir de empujar ejercicios de imaginación y organización colectiva para el sostenimiento de la vida y la resolución de lo más urgente.

La producción de sentido sobre la pandemia del COVID 19 en la forma de artículos científicos, informes, notas periodísticas, ensayos académicos y otros, está inscrita, explícita o implícitamente, en un marco explicativo y argumentativo de la emergencia o “causas” del COVID 19 y en una matriz de entendimiento de las interdependencias entre la vida humana y no humana, es decir, en cómo los humanos nos organizamos entre nosotros y estamos en relación con todos los seres vivosde la tierra.

En lo que sigue, comparto de manera exploratoria tres hipótesis que me han ido sirviendo para organizar una comprensión sobre algunos de los marcos explicativos de la emergencia de la pandemia, que se hacen operativos en las gestiones políticas de la crisis en manos de los Estados nación y que están en clara disputa para establecer los términos de lo que está por venir.


Comportamiento incorrecto y erróneo de los humanos: causa de las pandemias


Un texto que ilustra la hipótesis de que la causa del COVID19 somos los humanos, es el informe “Las Pandemias, el efecto boomerang de la destrucción de los ecosistemas: proteger la salud humana preservando la biodiversidad" de la World Wild Foundation Italia.3  En él se argumenta que “las zoonosis [las enfermedades transmitidas de animales no humanos a humanos] están directamente relacionadas con el comportamiento incorrecto de las personas, incluido el comercio ilegal de especies silvestres controladas y, en general, el impacto del hombre que ha generado la destrucción de ecosistemas naturales”. El estudio destaca “que la salud humana puede protegerse precisamente defendiendo la naturaleza”.

También señala que “el coronavirus es parte de las llamadas enfermedades emergentes, como el ébola, el sida, sars, gripe aviar o porcina y, en su mayoría, se han generado como consecuencia del comportamiento erróneo del hombre, por la práctica ilegal o no controlada del comercio de animales salvajes.”

Se plantea que la solución a este problema es “proteger los ecosistemas naturales, conservar las áreas no contaminadas del planeta, combatir el consumo y el tráfico de especies silvestres, reconstruir el equilibrio de los ecosistemas dañados y detener el cambio climático”.

Si analizamos este marco explicativo, lo humano aparece como un categoría abstracta o unidad ficticia que desdibuja las responsabilidades particulares y homogeneiza las formas concretas de intervención en el tejido de la vida, así como las distintas co-producciones y formas de apropiación de las naturalezas. Al mismo tiempo omite la dinámica capitalista y su responsabilidad en marcar las pautas destructivas de las transformaciones ecosistémicas y termodinámicas en el planeta en aras de garantizar la acumulación de valor.

Una solución que se plantea al problema de las pandemias es la implementación de medidas conservacionistas, es decir, proteger la naturaleza de la acción humana, sin distinguir la acción de grandes corporaciones, que desde una escala industrial extraen materias primas, de las formas de sustento de las poblaciones locales. Ya mucho se ha criticado este planteamiento por suponer que la crisis ecológica recae en un presupuesto inherente de los seres humanos como especie destructiva, y que además lo humano puede escindirse de la naturaleza, como si no fuéramos parte intrínseca de un mismo metabolismo socioecológico.


Guerra entre especies: la pandemia como el enemigo

En distintas noticias y artículos periodísticos sobre el COVID19 abundan palabras como “guerra” y “enemigo”. Quizá entre los discursos que sonaron más tempranamente se encuentra el del mandatario francés Emmanuel Macron, quien enfática y reiteradamente declaró “Estamos en guerra […] No luchamos contra otro ejército ni contra otra nación pero el enemigo está ahí y avanza”.

Palabras más, palabras menos, en un sinnúmero de materiales se habla de que el COVID19 es un enemigo invisible, astuto, público, y que para salvar a la humanidad se requiere librar una guerra “irregular” a favor de nuestras vidas. El ejército y las fuerzas armadas desplegadas en las calles de muchas de las ciudades del planeta dan cuenta de ello.

Detrás del uso del lenguaje bélico en estas narrativas subyace la “verdad científica”, que supone que la competencia es la lógica dominante en la lucha entre las especiespor la sobrevivencia. Ciertamente, la idea darwinista sobre la selección natural y la evolución de las especies, que se ha difundido y hoy es sentido común en todos nosotrxs, es que sólo sobreviven aquellos que a través de la competencia logran ascender en la jerarquía adquiriendo mutaciones ventajosas. La guerra hoy es contra un virus que hay que vencer, lo que incluye el ataque especista, en diversas geografías físicas e imaginarios sociales, contra los murciélagos, uno de los polinizadores más importantes de la tierra, por considerarlo “el responsable de la infección”.

Esta hipótesis, como la anteriormente expuesta, desconoce que la co-producción capitalista es la responsable de las alteraciones ecosistémicas que han propiciado la propagación del virus. Evidentemente, el discurso de la guerra instala una visión binaria entre buenos-malos; amigo-enemigo; el que puede quedarse en casa-y el que no. Esto no sólo eclipsa la discusión sobre la necesidad de cambiar la orientación de la economía política capitalista con su correlato inherente de apropiación violenta de las naturalezas; sino que genera un imaginario de inmunidad, a partir de fijar una delimitación segregativa en términos excluyentes, racistas y nacionalistas.

La gestión política desde esta explicación se ensambla con las facetas más autoritarias y fascistas del control biopolítico, avanzando tramposamente mediante el uso de una tecnología que lo puede todo y una política de guerra que aviva prácticas egoístas, competitivas, de agandalle entre la población, además de oscurecer los resortes de la crisis y la responsabilidad del capitalismo.

Como señala Ángel Luis Lara, ante el imaginario colectivo de guerra contra un coronavirus, “tal vez sea más acertado pensar que es una formación social catastrófica la que está en guerra contra nosotros desde hace ya demasiado tiempo.Las condiciones de propagación incluyen el efecto de cuatro décadas de políticas neoliberales que han erosionado dramáticamente las infraestructuras sociales que ayudan a sostener la vida”.4


La crisis civilizatoria capitalista: escenario de emergencia, propagación y gestión del COVID19


“el origen de la propagación de COVID-19 está directamente relacionada
con los circuitos del capital”
Rob Wallace (Big Farms Make Big Flu) 5

“El propio capitalismo es el principal vector de enfermedad”
John Bellamy Foster 6


Diversas investigaciones se vienen preguntando por la etiología de las enfermedades zoonóticas, encontrando y explicitando una clara relación entre “epidemiología y economía política”. 7 Esto es, la expansión del modo de vida y la destrucción capitalista de los hábitats —producción industrial intensiva de proteína animal, urbanización, megaproyectos, agroindustria, turismo depredador, tráfico de especies, mercado de animales silvestres— han generado las condiciones propicias para la propagación de los vectores que transmiten enfermedades zoonóticas, de animales no humanos a humanos.8

Hasta el momento se sabe que hay dos maneras en las que el capitalismo gesta y desata epidemias cada vez más mortales: la primera consiste en la gestación de virus dentro de entornos industriales. La segunda es indirecta, donde virus hasta ahora desconocidos son esencialmente recogidos de poblaciones poco integradas a las lógicas del valor y distribuidos a lo largo de los circuitos mundiales de capital.9 Muchas de las rutas de propagación del virus han coincidido precisamente con las rutas de transporte aéreo facilitadas por el turismo y la actividad mercantil.10

La industrialización capitalista del ciclo alimenticio, particularmente de la producción agropecuaria, ha incrementado las posibilidades de contacto entre la fauna salvaje y el ganado, disparando el riesgo de transmisión de enfermedades originadas por animales salvajes cuyos hábitats se están viendo dramáticamente afectados por la deforestación.11

Lo cierto es que la co-producción capitalista en el tejido de la vida viene rompiendo los equilibrios ecosistémicos y degradando la complejidad ecosistémica y, por tanto, mermando las capacidades autorregulativas de los sistemas vivos. La emergencia del COVID19 no puede sustraerse a esa dinámica que muchos investigadores, principalmente Jason W. Moore, han venido caracterizando como el Capitaloceno, entendido como una era geológica dominada por el capital y su lógica de acumulación de ganancias, que ha venido transformando drásticamente, globalmente y a gran escala el tejido de la vida.12

Para seguir pensando…

Estas tres hipótesis no son las únicas, pero muestran hacia dónde se puede estar orientando la disputa simbólica por oscurecer la insostenibilidad del capitalismo y su responsabilidad en esta crisis, así como por imponer un sentido común que cierre por el lado de profundizar aún más una gestión capitalista de la interdependencia, a partir de la fantasía antropocéntrica y androcéntrica del régimen heteropatriarcal que concibe a la especie humana, y en particular al sujeto blanco, burgués, varón, adulto y heterosexual 13,  como la medida y el centro de todo. El COVID 19 no puede ser el enemigo, ni el precursor de una guerra, ni el chivo expiatorio que justifique el ensamblaje de nuestras fuerzas vitales, después de la emergencia, al mismo o más radicalizado sistema de muerte de ganancias a toda costa. La guerra es la del capital contra todas las formas de vida y su incesante búsqueda por fracturar y reorganizar los metabolismos socioecológicos para garantizar su explotación. No podemos regresar a esa normalidad de la que provenimos, porque esa normalidad y su contenido biocida es la fuente de esta crisis. Confío en que éste es un tiempo que apertura otras sensibilidades para organizar nuestras relaciones de interdependencia sin explotación y los modos cooperativos en los que deseamos y necesitamos re-conectarnos para sostener la vida.

La vida no conquistó el planeta mediante combates, sino gracias
a la cooperación. Las formas de vida se multiplicaron y se
hicieron más complejas asociándose a otras, no matándolas.
Lynn Margulis
(Una revolución en la evolución, 2003)


1 - A decir de Donna Haraway, las especies compañeras son todos los seres orgánicos que son parte de los tejidos endosimbióticos, tales como el arroz, las abejas, los tulipanes y la flora intestinal.En diálogo con esta perspectiva multiespecie, recomiendo el trabajo de Vanesa Ramírez Carsolio para pensar la potencia política del antiespecismo y las relaciones de co-producción con las especies compañeras en el capitalismo-patriarcal y colonial.
2 - Moreno, Diana, “Naomi Klein: La gente habla sobre cuándo se volverá a la normalidad, pero la normalidad era la crisis”, El Salto, 1 abril de 2020.
3 -  El informe está disponible en:https://www.wwf.it/perdita_biodiversita.cfm

4 - Lara, Ángel Luis “Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe”, Eldiario.es, 29 marzo de 2020. Disponible en:https://www.eldiario.es/interferencias/Causalidad-pandemia-cualidad-cata...
5 - Wallace, Rob; Liebman, Alex, Chavez, Luis; Wallace, Rodrick, “Covid-19 and circuits of capital”, Monthly Review, 1 abril de 2020. Disponible en: https://monthlyreview.org/2020/04/01/covid-19-and-circuits-of-capital/
6 - Entrevista a John Bellamy Foster, “El capitalismo ha fracasado. La disyuntiva es la ruina o la revolución”, Kaos en la Red, 5 abril de 2020. Disponible en:  https://kaosenlared.net/entrevista-a-bellamy-foster-el-capitalismo-ha-fr...
7 - Lara, Ángel Luis “Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe”, Eldiario.es, 29 marzo de 2020. Disponible en:https://www.eldiario.es/interferencias/Causalidad-pandemia-cualidad-cata...
8 -  Almazán, Adrián, “Hemos parado en seco: ahora hay que cambiar de dirección”, Eldiario.es, 28 marzo de 2020. Disponible en: https://www.eldiario.es/ultima-llamada/parado-seco-ahora-cambiar-direcci...
9 - Chuang “Contagio social. Guerra de clases microbiológica en China”, Artillería Inmanente, 3 marzo de 2020. Disponible en: https://artilleriainmanente.noblogs.org/?p=1334
10 - Almazán, Adrián, “Hemos parado en seco: ahora hay que cambiar de dirección”, Eldiario.es, 28 marzo de 2020. Disponible en:https://www.eldiario.es/ultima-llamada/parado-seco-ahora-cambiar-direcci...
11 - Lara, Ángel Luis “Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe”, Eldiario.es, 29 marzo de 2020. Disponible en: https://www.eldiario.es/interferencias/Causalidad-pandemia-cualidad-cata...
12 - Entrevista a Jason W. Moore, “Del Capitaloceno a una nuevapolítica ontológica”, Ecología Política, 10 julio de 2017. Disponible en: https://www.ecologiapolitica.info/?p=9795
13 - Recupero esta noción de Amaia Pérez Orozco, BBVAh: el sujeto blanco, burgués, varón, adulto y heterosexual.