Crisis capitalista, luchas callejeras y resistencia social al ajuste

Mariano Féliz
Mientras aumenta la circulación de las luchas populares a escala global, la crisis capitalista acrecienta su faceta represiva. En América Latina los pueblos resisten el avance de la violencia clasista, racista y patriarcal. Construyendo comunidad, en las calles y los territorios, vamos creando nuevos caminos.

¿ESCUCHARON?
Es el sonido de su mundo derrumbándose.
Es el del nuestro resurgiendo.
El día que fue el día, era noche.
Y noche será el día que será el día.
¡DEMOCRACIA!
¡LIBERTAD!
¡JUSTICIA!
Diciembre 2012, EZLN.

 


[Leer acompañade de La Tempestad, de Ismael Rojas, en versión de Buena Fe y Silvio Rodriguez, de fondo]
 

 

I

El capitalismo está en crisis a escala planetaria. Atraviesa una crisis multidimensional, una crisis civilizatoria. Es una crisis que las fracciones dominantes, las transnacionales, sus Estados y ejércitos no logran conjurar. Esa crisis tiene expresiones geopolíticas como la batalla entre China y EE.UU por el control global, o el Brexit. También tiene manifestaciones económicas como la burbuja de capital ficticio generalizada (y a punto de estallar) y la incapacidad de relanzar la acumulación de capital acelerada.


A su vez, la crisis tiene expresiones políticas: el avance de las fuerzas fascistas en el terreno electoral y la incapacidad del sistema estatal de canalizar y contener la protesta social en forma sistémica. Y, por supuesto, se presenta ecológicamente en una crisis climática que pone en riesgo la vida en el planeta.


La crisis tiene sus causas en las contradicciones inmanentes del capital. Opera, por lo tanto, en todas las escalas y en diferentes temporalidades. No es una crisis del neoliberalismo como forma de gobierno, sino del capitalismo como proyecto societal. Se configuró a través de formas de gobierno desarrollista y neoliberal, en alternancia y sucesión; y surge de las crecientes dificultades de las oligarquías dominantes para explotar volúmenes suficientes de trabajo remunerado y no remunerado a nivel del capital social global. Las nuevas tecnologías (la llamada ‘uberización’ de la economía) no alcanzan ni para ordenar los procesos de explotación ni para dominar los procesos de resistencia social.


II

En efecto, en el seno de la crisis está la resistencia de los Pueblos. Desde Haití a Francia, de Hong Kong al Líbano, de Chile a Colombia, de Rojava a Cataluña, la circulación de las luchas y las resistencias nos hablan de una oportunidad que se abre. Hay un rechazo creciente al status quo del capital, a la alienación creciente y la injusticia persistente, a la discriminación,  al racismo estructural y a la violencia machista.


Para los movimientos populares se inaugura un tiempo de nueva praxis, acción y reflexión. Estamos frente a un nuevo 68, un momento en que desde la imaginación política las clases populares exigen respeto y el fin de los abusos. Porque el problema no es el precio de la gasolina o el metro, ni siquiera el FMI o los límites de la política desde el Estado; la exigencia es la dignidad humana que el capitalismo se empeña en destruir. Por eso en las calles se siente el grito de guerra popular que nos obliga a luchar hasta que valga la pena vivir. Porque lo que está en cuestión es la vida misma.


El pueblo se organiza en la lucha y construye nuevos comunes, espacios de cooperación donde establecer nuevas formas de relación y solidaridad colectivas. Reconfigura la reproducción de la vida y el cuidado desde la autogestión y los feminismos, desde la autonomía política y la autodefensa. En las calles y en los barrios, en las casas y las camas, en las fábricas y oficinas, en los centros sociales y culturales, produce comunidad al tiempo que enfrenta el avance del capital.

Entre los nuevos comunes y el saqueo capitalista, en esos puntos de frontera, se producen violentos choques. No puede entenderse si no la respuesta estatal y paraestatal frente a las demandas populares. No puede entenderse si no la militarización en Chile, pero tampoco el golpe en Bolivia. Los sectores dominantes se ven acorralados y responden con la radicalización del Estado de Excepción: guerra abierta en el kurdistán, estado de emergencia en Chile y Colombia, ley anti-terrorista en Argentina, persecución política en Brasil o Cataluña, y formas ‘clásicas’ del golpe de Estado como en Bolivia.

 

III

La institucionalidad vigente no logra contener ni canalizar las exigencias populares. La democracia burguesa opera al filo de sus posibilidades y se transforma en fascismo sin dificultades. Frente a exigencias de igualdad y dignidad responde con violencia creciente.


Está en cuestión un sistema que frente a las demandas populares las enfrenta con virulencia. Violencia que es sistémica y permanente, con variaciones según las fuerzas políticas y liderazgos en el poder estatal. Violencia militar y policial, estatal y paraestatal, frente a las movilizaciones, pero también frente a las resistencias al avance extractivista, y a las luchas feministas que apuntan a transformar la reproducción social de conjunto.


Se habla de un giro fascista en sectores de la sociedad. Se habla de fascistización de sectores medios. Se habla de que nuevas clases medias (viejos pobres) se olvidaron de dónde venían. Pues no. En el medio de la crisis, los límites del reformismo se hacen evidentes. Amplios sectores populares demandan más que redistribución marginal de los ingresos. No quieren programas de transferencias de ingresos condicionadas, ni tampoco estadios, represas o carreteras. Quieren vivir bien, que es otra cosa. Los gobiernos autodenominados progresistas chocan contra los límites de su tibieza. Progreso no es simplemente sojización, fracking y megaminería. O sí, pero los Pueblos demandan otras cosas y no ‘progreso’.


La tibieza para enfrentar la fortaleza que es el capital envalentona a los sectores dominantes que, progresismo o no, aún dominan. Sin alterar las condiciones materiales de producción de la sociedad, con el avance de la crisis y los límites del reformismo, las fracciones medias acomodadas recuperan su “histórico nivel de fascismo”, diría una revista argentina de humor político. Apoyadas en la filosofía del ‘pare de sufrir’ individualista de las iglesias evangélicas pentecostales, en la formación meritocrática de escuelas y universidades, y en la filosofía política (y la matriz militar) del imperialismo yankee, y empujadas por las clases altas desde los medios de comunicación empresariales, esos sectores medios encuentran en los sectores populares el chivo expiatorio para sus problemas vitales.
 


IV

Los Pueblos del mundo reclaman dignidad y la buscan a tientas. Sin mapas, pero sin pausa. Los gobiernos progresistas se escudan en los límites de lo posible, y se sorprenden cuando pierden apoyo. Aun así, los Pueblos defienden sus sueños con el cuerpo en las calles; frente a los golpes y a los gobiernos sordos. Sin miedo. Frente a gobiernos progresistas que no avanzan “para evitar muertes” y frente a fuerzas reaccionarias que asesinan sin miramientos al pueblo en las calles, el Pueblo no teme y resiste. Asume que el problema no es morir, sino permanecer humanos, dignos. Sabe que la organización económica y política actual mata todos los días a miles, millones. Intuye que si no lucha y el enemigo vence, ni los muertos estarán a salvo.


A las fracciones más organizadas de la población, a la izquierda en el Pueblo, nos cabe no resignarnos al “más no se puede”. No podemos aceptar las condiciones “reales”, sino que debemos aportar a construir los fundamentos para la radicalización política. No hay alternativa; es imperioso aventurarse a superar un sistema que inevitablemente reproduce a la desigualdad y la violencia social a escala ampliada.


Tenemos la obligación de contribuir a fortalecer la autoactividad y la participación popular, es decir la autoconciencia práctico-crítica de nuestros Pueblos. Sin manuales ni soberbia, con más preguntas que respuestas. Sin sustituir, sino acompañando, siendo parte. No dirigiendo (algo imposible), sino compartiendo el recorrido en la construcción de los sueños colectivos y luchar hasta que la dignidad se haga costumbre.
 

 

*Esta nota fue concluida el miércoles 27 de noviembre de 2019.