Bolivia: Ahora es cuando

Gaya Makaran
Las siguientes líneas se escriben desde un profundo malestar que quiere ser expresado para colectivizarlo, y desde un sincero compromiso con las abigarradas luchas de los “abajos” bolivianos que, desde hace tiempo, con tantxs otrxs, acompañamos y escuchamos.

El malestar, el agobio y la tristeza que sentimos es estos momentos personalmente y colectivamente se deben a la tormenta de violencias, tanto simbólicas, como directas, contra lxs que no comulgamos con alguna de las dos “verdades” absolutas y nos negamos a disciplinarnos y encuadrarnos con uno de los bandos: “los Evo” y “la derecha fascista/democrática” (según la retórica), que representan para nosotrxs un falso antagonismo que invisibiliza diversos y complejos entramados sociales que se han movilizado y se siguen movilizando desde abajo, autoorganizandose para atesorar sus luchas y sus vidas1. Lxs que rechazamos la lógica de la guerra fría y de los rebaños sacrificables por la gran política macha expresada en “bloques hegemónicos”, caudillos, autoritarismos y militarismos de ambos bandos, y nos empeñamos por vernos las caras, mirar a la gente real movilizada en las calles, reunida alrededor de las fogatas de vigilia, resistiendo en sus territorios, sus barrios, indignada por lo que se fue y lo que se viene; simplemente, humanamente, carnalmente preocupada por la realidad que le toca afrontar, nos resistimos a dejarnos arrastrar por las descalificaciones, amenazas, amordazamientos que nos quieren imponer los “revolucionarios” de Facebook y ciertas “academias”, súbitamente y soberbiamente “informados” de la realidad boliviana. Y nos resistimos, sobre todo, a la violencia mucho más grave, la desatada y fomentada en el territorio boliviano por los dos bandos que parecen jugar a la guerra con soldaditos de plomo por el gran botín, el poder. Pero estos “soldaditos”, estas piezas de ajedrez de la “gran política” somos nosotrxs, gente de carne y hueso, cuerpos y almas que se niegan a ser sacrificadxs.

De ahí parte el objetivo de este garabato mío, por muy ingenuo que esto pueda parecer en estos momentos, de la necesidad de volver a mirarnos como un nosotrxs, diverso, abigarrado, multiforme, ch´ixi (a decir de Silvia Rivera), conflictivo y paradójico, pero unido y movido por el deseo, el deseo de no ser rebaño de nadie, de no ser daño colateral, de volver a autodeterminarnos después de tantos años de caudillismos y monopolios, y al mismo tiempo un deseo potente de no temer, de frenar la derecha que, segura y envuelta en velo “democrático institucional” y con el Ejército detrás, va por el poder. Para eso me sirvo del grito “¡Ahora es cuando!” que nació entre los fuegos del octubre negro y la potencia de la Guerra del Gas en 2003, que se multiplicó en años posteriores como símbolo de esperanza y fe en la posibilidad de cambio, un cambio colectivo, con potencial antisistémico, desde los abajos comunitarios, populares, rurales y urbanos, wiphalas y flores de patujú que representaban la pluralidad de lo indígena/originario, desde las clases medias, estudiantes, profesionistas precarizados por el neoliberalismo, pero, sobre todo, desde aquel deseo compartido de autodeterminación social en contra de las imposiciones e injusticias de un sistema de dominación y explotación encarnado en el Estado-nación colonial, capitalista y patriarcal. Este subsuelo político, retomando a Luis Tapia, se movía contra la gran política, pero dirigiéndose a tomar la cancha del Estado para “refundarlo”. Aquel grito “¡Ahora es cuando!” debe recordarnos lo que entonces fuimos y lo que deseamos en común, aunque desde nuestras respetables diferencias y pluralidades, antes de que nos negaran nuestra potentia y nos cerraran las puertas del Palacio.

Debemos volver a nuestras memorias de aquellas luchas en común, cuando sabíamos todavía quién era el enemigo real, igual que recordar cómo el grito se iba convirtiendo tristemente en interrogación: “¿Ahora es cuando?”, nos preguntamos al ver como el MAS monopolizaba la participación en la Asamblea Constituyente que tanto quisimos popular y que se convirtió en partidista con la sobrerepresentación de la derecha; como se sentó a negociar la Constitución con las oligarquías cruceñas, asegurando los intereses latifundistas y agroindustriales; como intentó imponernos un gasolinazo en 2010. Pero fue con la VIII Marcha y la represión en Chaparina en 2011 contra las mujeres y hombres, niñxs y ancianxs indígenas del TIPNIS que marchaban a La Paz, creyendo ingenuamente que el “hermano Evo” los va a escuchar, y con tantas otras represiones contra los pueblos y comunidades movilizadas en defensa de sus territorios y vidas amenazadas por los megaproyectos y el extractivismo, con los cocaleros de Yungas amordazados y criminalizados, con los aymaras de Achacachi “desbloqueados”, en fin, con un largo etcétera de injusticias, despojos y violencias, resultantes del alineamiento gubernamental con la derecha y el capital transnacional, que el “Ahora es cuando” se volvió más bien una amarga burla. Así, algunxs se sumieron en una resignada apatía, pero otrxs se armaron de un coraje necesario para enfrentar al régimen desde sus “pequeñas-grandes resistencias”, desde sus cuerpos/as/es vulnerables y vulnerados que se ponían delante de los buldócers y los escudos antimotines, y nos mostraban que la resistencia tiene sentido incluso en los tiempos cuando parece no tenerlo.

Así, se nos hace urgente recordar, como lo hace Silvia Rivera en su intervención reciente en el Parlamento de Mujeres2, aquellas resistencias que no terminaron ni desaparecieron, pensar en nuestras luchas en curso o pendientes que se encuentran en peligro por la coyuntura actual. Ahora es cuando nos toca, en medio del incendio, violencia gratuita y pensamiento débil, recordar nuestro viejo grito y su accidentada trayectoria, para retomarlo, aunque pueda parecernos grotesco en estos momentos de zozobra. Pero es justo ahora cuando urge salirnos del papel de rebaño que nos designaron, no dejarnos “pacificar”, como sueña la derecha, manteniendo nuestras luchas y construyendo puentes con las otras, con organizaciones históricas campesinas, obreras, indígenas, vecinales, estudiantiles, etc., hoy en día divididas, debilitadas y violentadas por el falso antagonismo. Es ahora cuando se necesitan estrategias concretas para no dejarnos arrastrar hacia la ch’ampa guerra y desangrarnos entre “abajos”, mientras el capital y las nuevas y viejas élites, incluidas las cúpulas del MAS, se sientan cómodas a pactar las condiciones del esquileo.

Ciudad de México, a 14 de noviembre de 2019.

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Notas:

1. Decido no volver a explicar los acontecimientos ocurridos en Bolivia en los últimos años, meses, semanas, días y horas, ni desmentir las versiones sobre el “golpe de Estado”, puesto que esta importante tarea, con el espíritu de convencer y no vencer, ya la han hecho magistralmente compañerxs como Raquel Gutiérrez, Raúl Zibechi, Huáscar Salazar, María Galindo, Silvia Rivera, colectivo Chaski clandestina y tanxs otrxs.

2. Se trata de la iniciativa de María Galindo de Mujeres Creando, cuya primera “sesión” tuvo lugar el 12 de noviembre en La Paz.


La autora es investigadora del Centro de Investigación sobre América Latina de la Universidad Nacional Autónoma de México (CIALC - UNAM) Dedica sus trabajos recientes al estudio de la realidad boliviana y paraguaya.